8 de marzo de 2011

Sangre fresca

El adoctrinamiento de un buen aprendiz debe iniciarse por medio de los procesos de comprobación de su espíritu. El maestro tiene la obligación de poder jurar al final de este proceso -que puede extenderse durante varios meses- que su púpilo  se mueve por un equilibrio entre los impulsos y los razonamientos de energía neutral -no orientada-, que siempre vendrá de serie y rara vez podrá adquirirse durante este proceso. El posicionamiento del aspirante hacia los conceptos de Bien o Mal (o hacia las ideas de Bien o Mal que haya adquirido durante el proceso educativo y de socialización) lo invalidará por completo para el inicio de una carrera exitosa hacia el universo al que nos referimos, ya que lo distraería del Verdadero Objetivo. Un entusiasmo de cualquier tipo por lograr el Verdadero Objetivo no será interpretado tampoco como positivo por el maestro. Un entusiasmo de cualquier tipo por no lograr el Verdadero Objetivo no será interpretado como positivo por el maestro.

La existencia de esta energía y su no focalización durante procesos anteriores, así como la tendencia al no posicionamiento (en ocasiones por motivos de incapacidad) son las bases del proceso de comprobación. El aspirante que no haya superado estos dos estándares, imprescindibles para alcanzar el Verdadero Objetivo, jamás debe ser excluido del camino hacia el Verdadero Objetivo, ya que entenderemos que desaparecerá por sí mismo en algún momento indeterminado del proceso. Mientras tanto, se le encargarán otras tareas que le permitan ser productivo a pesar de su estatus presente y futuro.

El buen aprendiz, que contará con las características espirituales anteriormente señaladas, deberá demostrar entonces otro valor añadido, esta vez adquirido a través de la experiencia (bien anterior al inicio del proceso o a raíz del propio proceso). Se trata de la impresión escéptica sobre sus impulsos y raciocinios energéticos, fruto de dos factores fundamentales:

1. La experimentación de los valores de Bien y de Mal (o de las ideas de Bien y Mal que haya adquirido durante el proceso educativo y de socialización), y la toma de conciencia del patetismo y la falta de significado inherente a ambos conceptos.

2. La experimentación de la necesidad de supervivencia e independencia social, conocida como responsabilidad autónoma. El deseo de conducción de la propia vida a una edad temprana también debe de ir acompañado de cierto gusto por la prosperidad prematura, la búsqueda del éxito relativo (nunca total) y el egocentrismo, clave esta última para consolidar el proceso de logro del Verdadero Objetivo: esta flaqueza tan común en el espíritu de los aprendices sólo será útil (y absolutamente necesaria) una vez llegados a este punto del proceso, y nunca antes de haber comprobado la validez de los pasos anteriores.

Anexo: contexto social/personal para la victoria del Verdadero Objetivo:
Es imprescindible que el aprendiz que cumpla estos requisitos haya tenido durante todo el proceso la sensación real o ficticia de que sus oportunidades son nulas en cualquier otra parte.

Tras esto, y para consolidar por completo el proceso del Verdadero Objetivo, ya sólo quedan dos conceptos que fijar en la mentalidad del aprendiz:

1. Factor suerte-egótica. La sensación de ser beneficiario de una lotería merecida.
2. Fidelidad. El miedo a la huída.

Una vez finalizado este proceso, los ancianos podrán ya morir tranquilos:  los medios de comunicación conservadores no van a desaparecer.

29 de enero de 2011

Avenida de América

Compruebo el contenido de mi bolso dos o tres veces, palpándolo con la mano y deduciendo de los sonidos la correcta presencia. Las llaves, el tabaco, el mechero, el móvil, los tampones sueltos, los tickets arrugados del Carrefour de Conde de Peñalver.

Luego camino con mi pie malo hasta la boca de metro. Los días que uso tacones -cada vez más frecuentes- lo hago despacio, poniendo cuidado en los ritmos y la distribución del peso sobre el pie pocho. Miro el interior de la peluquería para chonis a la izquierda. A la derecha observo el reloj de una parada de autobús. Los días de lluvia -cada vez más frecuentes- tropiezo dentro de mis botas de agua.

Dos paradas me dejan en el intercambiador de Avenida de América y hace ya rato que temo encontrarme con alguien. Nunca ha pasado en estos seis meses.

Respiro. Cojo el 115 en dirección Aeropuerto con la sensación de haber atravesado el infierno de todas las ciudades del mundo. A menudo pienso en la posibilidad de comprar un nuevo champú o renovar mis sujetadores. Otras, evoco la imagen de un perro negro levantando la pata para mear. La mayoría de las veces no pienso nada y me limito a sentir miedo.

Las tardes pasan rápido y son del gris de la carne podrida o pálidas y deprimentes como los vasos del café. En un despacho lejano reverbera la tos imposible de un viejo.

Cuando vuelvo a casa otra cana me adorna el flequillo negro, brillante como un arenque recién muerto.

Mi anuncio favorito es éste:

8 de enero de 2011

I Certamen Internacional de Literatura Femenina "Mujercitas Manchegas" (II)

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                         Here

"Puedo afirmar sin miedo a equivocarme que mi cérvix esputa palomitas de maíz cuando él me recibe con su discurso narcoléptico. Avituallamiento".

Amanda Mars. Barcelona, España.




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7 de enero de 2011

I Certamen Internacional de Literatura Femenina "Mujercitas Manchegas" (I)

"Daniel estaba sentado sobre sus gemelos mientras ella le miraba desde el aparador, golpeando ligeramente la alfombra con la punta de sus zapatillas de felpa azules y azuzando con la mano un enorme bol de palomitas de azúcar". [...]

Chocho Flojo. Benidorm, España.


30 de diciembre de 2010

Cabecero y crucifijo (y acto de contrición y posible herejía)

La cama de los padres era enorme. O al menos eso me parecía a mí, acostumbrada a dormir en un colchón talla S heredado de hermanos mayores, con todas aquellas meadas milenarias impregnando un territorio pervertido. Yo tuve que hacerlo mío, empaparlo de mis sueños y mi esencia. Por eso me meé hasta los diez años. Y a los once tuve mi primera regla.

La cama de los padres era otra cosa; también impura, impía, manchada de vida y de adn invisible muerto. Alguien (o algo, un gesto) me hizo saber desde el principio, como a un perro, que allí no tenía derecho a subir, aunque  fuera yo producto de aquella cama y sus fluidos indelebles. Sin embargo, a veces me tumbaba sobre la colcha de hilo que agujereaba la piel. Y miraba a Dios, largo en el cabecero, con su cruz y sus dos dedos señalándome en plan chungo.

Hace ya que todos los crucifijos de la casa fueron sustituidos por láminas de arte contemporáneo y fotografías de grandes ciudades en las que nadie, que se sepa, ha estado. Y lamento seguir sintiéndome señalada por debajo del marco, por debajo del papel y la pintura. Por debajo de mi propia piel; donde está sentada quien señala ahora, indecisa entre esconderse bajo el marco o rascar la pared  hasta hallar los indicios de su propia meada.

27 de diciembre de 2010

Costra

He caminado descalza sobre un suelo de mármol frío
Pero no me enlaces a tu blog de periodismo
He portado un pijama de seda verde
Pero no me enlaces a tu blog de periodismo
He comido tortilla francesa cruda
Pero no me enlaces a tu blog de periodismo
He estado saliendo con un ave
Pero no me enlaces a tu blog de periodismo
Tuve una amiga que olía a coño
Pero no me enlaces a tu blog de periodismo
Comí entrañas en el cocido
Pero no me enlaces a tu blog de periodismo
Envidié a un espárrago con silicosis
Pero no me enlaces a tu blog de periodismo
Confié en en alguien que no se lavaba los dientes
Pero no me enlaces a tu blog de periodismo

4 de junio de 2010

Qué más da. No da igual.

Te deseaba la muerte. Ahora te deseo la vida, que es lo que realmente mereces.

6 de abril de 2010

Otra entrada sobre floros

Me han preguntado mi opinión sobre las flores. Muy bien, ahá, ejem. Bien, no sé cuál es mi flor favorita. No tengo flor favorita aunque sea mujer, ni aunque tenga nombre de flor, ni aunque me haya criado en una casa con balcones.

Cuando pienso en la rosa [y aquí podría haber comenzado: "Pienso en la rosa y...", pero fíjense bien en que no lo he hecho porque no me ha salido de las pelotas] me viene a la mente una bandera rojigualda, y tres o cuatro símbolos más desgastados por su propia belleza, por lo grotesco de su perfección superconsciente (no premeditada ni conocedora de sí, sino simplemente embebida de sí misma; pero no de ese modo sutil y amargo del que hace gala la gente famosa de los libros y los periódicos, sino del modo apasionadamente histérico en que lo haría la gente famosa de la televisión) Las rosas ahora son vulgares, evidentes, redundantes, pretenciosas, chillonas... Sí, las rosas gritan costantemente: no en los brazos de los moros ni ensortijadas en sus matas, sino ya en los regazos de las hembras y los hembros de a pie. Dicen: "¡Aquí estoy! ¡Mírame!", o: " ¡Pertenezco a una puta!", o bien: "¡Soy bella!" Y parece que hablan en nombre de las bocas que callan y las sujetan, porque ya es demasiado tarde para no aceptarlas. 

[Aquí iba a poner una foto de mis macetas]
[Aquí falta un cacho]

flowerbomb I

-Tú qué prefieres, ¿ser un cardo vivo o ser una flor muerta?
-Una flor muerta.
-¿Por qué siempre la belleza?
-Lo decía por lo de muerta.

16 de marzo de 2010

Muestra I

*Daniel Clowes